sábado, 5 de agosto de 2017

Resumen del último mes: vacaciones, lecturas, hijos...

Hace mes y medio que no paso por aquí. Así que voy a intentar poner un poco esto al día.
En Junio ya os conté que pasaba mis días entre mañanas agobiantes de oficina en el nuevo puesto, y tardes-noches relajantes de piscina y familia.

Después de eso nos fuimos de vacaciones las tres primeras semanas de Julio.
Siempre he dicho que tengo el don de vacacionar, siempre fluye todo divinamente estando de vacaciones.
Este año ha habido pequeños percances de esos que por un momento te hacen pensar si has perdido el don. Pero no, ha sido más lo bueno que los pequeños incidentes.

Del 1 al 13 estuvimos en el sur, llevamos muchos años yendo al mismo sitio y a la misma urbanización, así que como ya os conté el año pasado, los dos mayores tienen allí muchos amigos y lo pasan fenomenal. Todos disfrutamos mucho de días de playa, paseos, baños, salir a cenar al pueblo... Una delicia. A los dos mayores les vi poco el pelo, se pasaban el día con los amigos.

Mis hijos con dos amigas de las que ven cada verano. La pequeña siempre como un pegotito acoplada al grupo


Del sur salimos rumbo a Galicia, atravesando Portugal, en un viaje de más de siete horas, pero que al hacerlo después de días de vacaciones, se lleva mejor.

En Rías Baixas también fenomenal. Mucho de comer rico, estar con la familia. juegos de primos, baños en agua helada...

 





Algunos de los incidentes durante las vacaciones:
- la pequeña estuvo con diarrea y fiebre tres días seguidos. Igual que llegó, se marchó, pero en el durante fue bastante agobio.
- la mayor tuvo reacción alérgica a las picaduras de mosquitos de Huelva. Con antihistamínico se controló bien.
- el niño tuvo un impétigo en la piel que requirió antibiótico y no bañarse varios días.
- yo me caí contra un plástico de silla roto, y me hice herida y morado en todo el culete, justo el día antes del viaje Huelva-Galicia.
- se me rompió una muela comiendo arroz. Nunca dejaré de asombrarme de la mala calidad de mi dentadura. La Mayor ha empezado a decir que se va a ser dentista, porque muchas herencias se saltan una generación, así que si sus hijos heredan la boca de sus padres, le merece la pena ser dentista.
- la pequeña tuvo una caída tonta pero no podría mover el brazo. Ella misma decía: lo tengo un poco roto y un poco irritado. Así que me imaginé las vacaciones con la niña escayolada. Pero finalmente, tuvimos paciencia, esperamos unas horas poniendo hielo y distrayéndola, y volvió a moverlo con normalidad.

Ahora mismo no recuerdo más, pero no descarto que algo más pasase. Nada grave, pero sí un poco incordio, sobre todo porque no estamos acostumbrados a tanta cosa.

En cualquier caso, las tres semanitas de vacaciones estuvieron genial y disfrutamos mucho.

En esas semanas me leí Patria de Fernando Aramburu. Al principio me costó un poquito entrar en la forma de escribir del autor, incluso pensé que no era libro para leer en la playa. Pero en seguida entré en la historia y me ha gustado mucho. Trata el conflicto vasco a partir de la historia de dos familias: la que es víctima de ETA y la que tiene un hijo etarra. A partir de los personajes, que van contando su propia historia, sus sentimientos y sus vivencias, consigue ponerte en la piel de todos ellos y entenderles, aunque no compartas sus decisiones o actitudes.

Todos somos el resultado de nuestro entorno, de la educación recibida, de las experiencias que nos toca vivir. Pensamos que hay más objetividad en nuestras decisiones o en qué partido tomamos ante de un determinado hecho, de la que realmente hay. En este libro los personajes son fruto de sus circunstancias, que les llevan por un camino u otro.

Y volviendo a mi resumen del último mes: volvimos a Madrid el 23 de julio, y desde ese día, volvimos a la rutina trabajo-piscina.
Los mayores muy adolescentes, la pequeña muy comestible, y poco más que contar.

Un beso y feliz verano

lunes, 19 de junio de 2017

Macondografía de Matt

Esta es una entrada programada para avisar de que el amigo Chema, del blog Bitácora de Macondo, publica hoy una larga serie de preguntas que me ha hecho, a las que llama Macondografía.

Yo leía estas entrevistas en su blog, cuando todavía no le seguía a él, porque hizo a muchos de mis blogueros más queridos.
Soy una rancia que te cagas para ampliar mi lista de lectura de blogs. Así como los primeros años en el mundo bloguero era de dedo fácil a la hora de seguir, enseguida me acomodé y me cuesta añadir nuevos.
Aunque a Macondo ya hace tiempo que le sigo, me arrepiento de no haberlo hecho mucho antes, porque da gusto leerle. Desprende ingenio y humanidad en sus letras, y se le coge cariño rápido.

Estoy emocionada porque haya pensado en mi. Solo espero no decepcionar, porque como ya le dije cuando le envié el cuestionario, me parece que ha quedado muy soso. En mi defensa: son muchas preguntas y no quería entretenerme demasiado en cada una, para que no se haga interminable. Y en mi defensa más sincera: no doy pa´más.

En fin, os animo a pasaros por su blog y espero que consigáis terminar de leer la entrada.

¡Mil gracias, Macondo!

sábado, 17 de junio de 2017

Temporada de calor y piscina

Está haciendo tanto calor, que es como una prueba de fuego que nos manda el cambio climático a los amantes del verano. Es un: ¿no querías caldo? pues toma taza y media, en toda regla.

Siempre digo lo mismo, me gusta el verano por todo lo que acompaña a esta época del año, pero el calor en cuanto sube de 30 grados centígrados me resulta insoportable.
En Madrid llevamos una semana de máximas de 38 y mínimas de 23, o lo que es lo mismo, no refresca en ningún momento del día. Nosotros vivimos en el centro de Madrid, lo cual tiene muchas ventajas en el día a día, porque tenemos trabajos y cole cerca, no necesitamos coger el coche para nada, y contamos con todo tipo de servicios y ocio al lado de casa. PERO, siempre tiene que haber un pero, el calor se lleva muy mal en el epicentro del asfalto.

Salgo de casa a las siete y media de la mañana y ya hace calor. No os cuento lo que hace cuando salgo de la oficina a las tres. El paseo de cinco minutos hasta la parada del bus es como una caminata por el desierto rodeada de dragones echando fuego, aka los coches y salidas de aire acondicionado de los edificios.

Pasamos la tarde en la piscina, todas las tardes hasta el inicio de la noche, no hay otra.
Me encanta ir a la piscina, y menos mal, porque realmente no hay otra opción de pasar la tarde con los tres torpedos sin perder la cordura. Los primeros diez minutos sigo como en shock térmico, con la mirada perdida en los baldosines del fondo de la piscina y debatiéndome entre la vida y la muerte. Pero cuando recupero las constantes vitales, la cosa mejora.

Ya os he hablado más veces del club al que vamos invierno y verano, ya sea a pasear, a jugar al tenis o a bañarnos en la piscina. Somos afortunados de tenerlo, porque con este calor extremo y tres hijos, la vida sería mucho peor sin nuestra ración de piscina, césped, arboles y frescor al caer la noche.

Conste que este año me cuesta más rascar mis queridos momentos de estar a la sombra, recién salida del agua, leyendo un libro. Como es el sexto verano que escribo este blog, ya os he hablado más veces de mis queridos momentos lectores-piscineros.

Cuando Almudena era más bebé, era fácil engañarla con algún juguete y dejarla sentadita en su silla, o durmiendo la siesta. Y antes de que naciera, los dos mayores ya tenían autonomía como para estar jugando en el agua y yo leyendo, aunque les echara un ojo de vez en cuando.


Pero este año, la terremoto de dos años y medio, me está poniendo difícil mis momentos de evasión. Cuando el padre viene, nos vamos turnando y sí tengo mis ratos, pero en cualquier caso, menos de los deseados y necesarios.
No se la puede perder de vista, porque es demasiado intrépida. Corre por el borde de la piscina, pega grandes tragos del agua con cloro que luego la dejan la tripa fina catalina, y la última: va en patinete de una punta a otra, a toda velocidad. Es para verla, en bañador, descalza, y con su patinete a todo trapo.




Cuando se pone el sol es cuando mejor se está allí. Esa luz del final del día me encanta, el frescor, los ruidos propios del campo (pájaros, cigarras...). Me parece una delicia. Nos solemos quedar allí a cenar un sándwich o un bocadillo, un ratito de relax y vuelta al asfalto.

En casa estamos teniendo que dormir con el aire acondicionado puesto. Por cierto, aprovecho a hacer un llamamiento desde aquí a centros comerciales, cines, corte ingleses y demás: existe la posibilidad de regular la temperatura del aire acondicionado. Atención, no es necesario que esté a quince grados. Se puede poner a veintitantos y en modo quiet. Comprobado porque es lo que hago en mi casa y da una temperatura confort total.

Pues nada más por hoy. Besos calurosos para todos

miércoles, 7 de junio de 2017

Dando señales de vida

Tengo esto muy abandonado así que aprovecho que tengo unos minutos para pasar a decir que sigo viva.

Últimamente se me está juntando la falta de tiempo con falta de ganas de escribir. Tengo poco tiempo libre, pero también es cierto que si tuviera la motivación del principio, lo sacaría de debajo de las piedras para poder escribir unas líneas.

Acabo de fijarme en que hoy hace justamente cinco años que abrí el blog. Al venirme a la mente las ganas que le ponía al principio, he ido a mi blog a ver de cuándo era la primera entrada, y qué casualidad, fue el 7 de junio de 2012.
Como iba diciendo, al principio cogí esto de escribir y relacionarme a partir de mi blog con muchas ganas. Ahora han ido desapareciendo muchas de las personas con las que me encantaba comunicarme a partir de una entrada, y eso desmotiva. Estoy feliz con los que siguen y con las nuevas incorporaciones, pero una cosa no quita a la otra.
También supongo que después de años escribiendo, una se da cuenta de que ya ha comentado casi todo lo que le apetecía. Se van acabando los temas. O bien acaban siendo revisiones de las mismas cosas.
Realmente no sé por qué tengo menos ganas de escribir, estoy intentando analizarlo de forma racional, pero no tengo claro si con éxito, porque a veces las cosas son más simples. Simplemente no apetece y ya está.

Por poneros un poco al día, os cuento que en el último mes me ha caído un gran marrón en el trabajo que me tiene agotada. En mi departamento somos unas veinte personas, de ellas unas cuatro o cinco, trabajan muy poco, luego está la mayoría que trabaja lo normal, y por último estamos cuatro pringadillos a los que nos caen siempre los marrones.
Me he dado cuenta que los pringadillos tenemos la culpa de lo que nos pasa. Yo me quejo mucho de trabajar, y sabe Dios que sería feliz con una primitiva que me librara de la obligación laboral, pero luego llego a la oficina y me entrego como si me fuera la vida en ello. No lo puedo evitar. No soy capaz de decir que no a nada que me pidan y además me dedico a muerte hasta que lo termino lo mejor posible, dentro de mi capacidad. Y eso para un jefe es muy cómodo. Cuando surgen temas difíciles, obviamente no se los piden a los cuatro artistas que siempre ponen pegas a todo, tardan y lo entregan mal. Cuando surgen temas nuevos, complicados, cambios normativos que nos obligan a hacer las cosas de forma diferente, siempre nos caen a los cuatro de siempre.
En definitiva, que para compensarme me han dado un carguillo de esos que a mi no me hacen nada de ilusión, y mucho más trabajo y más responsabilidad.
Yo en el trabajo no valoro mi categoría ni mi posición en el organigrama, sinceramente, eso lo valoraba hace muchos años. Hoy en día lo que valoro es trabajar menos y más tranquila.

Aparco el tema laboral, que es bastante aburrido y os cuento de mis hijos. La Niña mayor está genial, sacando notazas, a tope con el basket y muy contenta en general.
Con el Niño estamos en tensión máxima para ver cómo acaba el curso. El está siempre en límite, en la cuerda floja, pero al final hasta ahora siempre ha salido airoso. A ver si en este su primer curso en la ESO también ocurre eso. Por ahora parece que lo lleva todo aprobado, con notas bastante mediocres excepto en biología y arte, que son sus favoritas, pero mira, yo ya con que apruebe me conformo. Quién me ha visto y quién me ve. He cambiado muchísimo en mi visión del tema académico. Solo quiero que apruebe todo y pasar un verano tranquilos, sin deberes, sin regañinas, sin obligarle a memorizar temas que no le interesan nada. ¡Deseadnos suerte para que así sea!.
La pequeña está para comérsela con patatillas. Qué bonita es, qué simpática, y qué poco subjetiva soy... Según mis padres, ejem, no exagero nada, ejem. Tiene miles de momentos y ocurrencias de morir de risa y/o de amor. Pero por contar una, la última de anoche es que estaba viendo una foto en la que salimos la mayor cuando tenía tres añitos y yo, y dice: "Es Lu, mamá y yo en su tripa". Ha debido de pensar que es imposible que ella no estuviera en nuestra vida antes, qué menos que estuviera en la tripa esperando su momento. Imaginaros qué planazo un embarazo de ocho años de duración...

Y nada más por hoy, que la pequeña me reclama.

Besos


jueves, 11 de mayo de 2017

Sensación de ser mayor vs. sensación de juventud

Hace tres años y dos meses que me quedé embarazada de mi tercera hija. Como sabéis los habituales de esta casa, tenía 40 años, frente a los 29 y 30 que tenía en el embarazo de los mayores, y me sentía mayor para tener un hijo. Incluso creía que la gente al verme embarazada también pensaría que era mayor...

Aparte de la preocupación normal y lógica de que pudiera tener problemas en el embarazo por edad, es que yo me sentía mayor. Por mucho que mi ginecólogo me dijera que tenía más embarazadas de cuarenta que de treinta, y que no tenía que haber ningún problema. Por mucho que lo viera entre amigas y compañeras, yo me sentía mayor.

Ahora veo las fotos del final del embarazo, con la barrigota y me veo guapísima y para nada mayor.

Tres años después, con mi pequeña de dos años y cinco meses, os digo que me siento mucho más joven que hace tres años. Esta maternidad me ha rejuvenecido. Ojo, que digo que me siento joven mentalmente, no que lo sea, el físico y el cuerpo es el que corresponde a mi edad. Que por mucho que cambie la sociedad y tu percepción, nunca he creído esas tonterías de los cuarenta son los nuevos treinta. No mira, cuarenta son cuarenta, treinta son treinta, cincuenta son cincuenta. Desde el punto de vista biológico la edad es la que es. Ahora bien, tú puedes sentirte más joven o más mayor, y lo mismo con tu forma de vestir y con tu forma de actuar. No se si me estoy explicando.

El caso es que yo creo que me sentía mayor porque siempre pensé tener hijos antes de los 37, pero primero no acompañaron las circunstancias, y luego la cosa no funcionó cuando intentamos un muy breve periodo de tiempo. Sin embargo funcionó tres años después, de forma inesperada aunque muy deseada. Y por mucha ilusión que me hizo ser madre de nuevo, mi coco no acaba de encajarlo.

Ahora tengo a mi pequeña conmigo, con sus risas, las alegrías que da, y yo me siento joven y activa. Me compro ropa más colorida, me pinto más las uñas de rojo y me siento más juvenil, independientemente de que sea consciente de la edad que tengo acompañada de una nueva tendinitis en este caso en el hombro izquierdo. Hay unanimidad en que la tendinitis ya superada del derecho y la nueva del izquierdo, es de tanto coger a la niña en brazos, lanzarla al aire y demás tonterías que le hago. Lo se, pero no me importa. Lo voy a seguir haciendo, y la tendinitis tendrá su tratamiento para curarse. Pero mi enana no va a ser así de enana eternamente y lo quiero saborear a tope.

Ay, me tiene loca de amor. Ahora ha incorporado otra nueva palabra mal pronunciada al catálogo. En lugar de decir "no funciona" dice "no funsuña". Como además coge el mando e intenta poner su canal infantil, coge el móvil e intenta ponerse un video, pues claro, está todo el día: no funsuña. Porque la niña es espabilada, y sabe apagar y encender la tele, pero marcar canal 79, pues no. Se pasa la vida probando cosas y diciendo apenada su lindísimo "no funsuña".

El otro día fuimos de compras y ella se eligió este sombrero, que no se ha quitado los días de sol, y estos zapatos. ¿Cómo no la voy a adorar?...



martes, 2 de mayo de 2017

Kimi no Na wa (Your name)

Aprovechando que hoy es festivo en Madrid, y tras leer esta entrada de Ro, nos hemos ido a la sesión matinal de los cines Verdi a ver "Kimi no Na wa" (Your name), del director Makoto Shinkai




Además de ser el anime más taquillero de la historia, es una preciosidad de película. Tienes disfrute visual, sonoro y la historia es muy bonita.
La primera parte es alegre, divertida, perfectamente fusilable por Hollywood. Hacia la mitad, la historia da un giro, y definitivamente te deja enganchado a la pantalla hasta el final.

Es una pena que en Madrid solo la ponen los Renoir y los Verdi. Estos últimos solo en sesión de 11:30 de la mañana o 22:30 de la noche.
Yo entiendo que la promoción que tienen las pelis americanas no tengan comparación con las del resto del mundo. Pero cuando se hacen preciosidades así, deberíamos enterarnos y tener la oportunidad de disfrutarlas.

He ido con mis dos hijos mayores y a los tres nos ha encantado, a pesar de que en principio el único fan del anime es el Niño. La hemos visto en versión original subtitulada, y creo que es un plus para disfrutarla. La versión original siempre da pereza al principio, pero al final la película gana. En este caso la sonoridad y entonación del japonés, en esas vocecillas juveniles, es una delicia.

Una película muy recomendable.

lunes, 17 de abril de 2017

Vacaciones de Semana Santa

Qué bien se está de vacaciones y qué dura es la vuelta.

Al menos para mí, porque en otras ocasiones que he hecho una oda al periodo vacacional, siempre ha habido algún comentario expresando su gusto por la rutina, el descentre de las vacaciones fuera de casa, el poco gusto a viajar, etc. Inma lo explicaba muy bien y yo entendía lo que quería transmitir, pero no coincido en su forma de vivirlo.

En mi casa seguimos una rutina bastante rígida durante el periodo escolar, ya que para sobrevivir el día a día con trabajos y colegios, creo que es la mejor opción. Pero disfruto mucho rompiéndola en vacaciones.

Cambiar de lugar me ayuda a relativizar todo, a quitar importancia a las pequeñas miserias cotidianas, a abrir más los ojos y disfrutar de lo que tengo delante.

Esta semana santa la empecé muy estresada. Estamos con cambios en el trabajo que me tienen con mucha tensión. Sin embargo en cuanto puse 500 km de distancia los "problemas" se diluyeron. Lo veo todo con más claridad, sin ofuscarme con las ramas que no me dejan ver el camino.
Hemos estado una semana en la costa catalana, donde La Mayor tenía un torneo de baloncesto. Estábamos separados, porque ella ha estado en un hotel con su equipo y entrenador, pero la hemos visto todos los días en los partidos. Nosotros cuatro hemos estado alternando ratos de playa, paseos, terraceo y partidos de basket. A nuestro ritmo, sin horarios para levantarse, sin prisas para desayunar, haciendo lo que más nos apetecía en cada momento. Para mí eso vale oro. Y si el colchón no es tan cómodo, la almohada no es la mía, o no hice bien la maleta, me da igual, merece la pena por todo lo bueno.

Hemos comido de terracitas al aire y viendo el mar. He pasado mil horas achuchando a la peque, riéndome con el mediano y animando en los partidos a la mayor.

A la vuelta paramos a hacer noche en Zaragoza por partir el viaje de vuelta y hacer un poco de turismo. Me gustó mucho la ciudad y me sorprendieron muy gratamente sus procesiones. Yo he pasado casi todas mis semana santas hasta que me casé en Málaga, por lo que es ése el tipo de procesiones que conozco. Las de Zaragoza no tienen nada que ver, ya sabía que son más sobrias que las andaluzas, pero lo que me ha encantado es la tamborada que acompaña a los pasos. Muy emocionante.
 
Hoy vuelvo a la rutina laboral con mucha pena, porque incluso en mi caso, que tengo un horario envidiable, considero que son demasiadas horas delante de un ordenador, sin poder estar con mis hijos todo lo que me gustaría, sin ser dueña de mi tiempo…